Sunday, 27 January 2019 08:00

Important Lesson From Scandals That Rocked the Church

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One important lesson we can learn from the scandals that have rocked the church since 2001 is that our priests are humans just like the rest of us. They, too, struggle with sin and sadly, some have even given up the fight against moral transgression. Although this is not an excuse, it is a reality.

We all have the moral responsibility to eliminate sin from our lives, whether clergy, religious, or laity. Yet I am hopeful in my belief that our religious leaders have had, and will continue to have, substantial success in this process of conversion to Christ and to His teachings. After all, our priesthood is based on the idea that we represent Jesús Christ, who as we know, was sinless.

Jesus’ message to all sinners, priests and laity alike, is consistent throughout the Gospels whereby He freely extends His forgiveness and admonishes the penitent to sin no more. To resist sin we surely need the help of God, as well as the prayer, encouragement and charitable accountability of our brothers and sisters in Christ. Parents model their faith and foster their children’s actions; brothers and sisters, in their best moments, guide and inspire each other.

One thing which sets everyone up for failure is putting someone on a pedestal so that we can knock them off. As the psalmist says, “Do not put your trust in princes, in whom there is no salvation.” And “ Pride comes before a fall.” The person sitting on the pedestal may be tempted to pridefully think they are invincible, or worse, above the law. On the other side, those who put people on pedestals run the grave risk of disappointment, judgmentalism, and yes, their own temptation to self-righteousness.

So my suggestion, hinted at earlier in this note, is to live humbly, and to vest ourselves in the robes of charity and a healthy self-understanding of who we are before God. And while we are before God, let us drop to our knees and hold each other up in fervent prayer.

Furthermore, let us willingly aid each other in seeing our blindness to sin in our lives. Please understand that fraternal correction in charity is NOT JUDGING; it is concern for another’s soul. When a brother or sister in the Lord speaks to us about our blindness, we ought to thank them for caring for our souls and invite them to pray with us.

This is how we build a society which says along with Christ, “I forgive you,” and, “Go, and sin no more.”


 Una lección importante que podemos aprender de los escándalos que han sacudido a la iglesia desde el año 2001 es que nuestros sacerdotes son humanos igual que el resto de nosotros. También, lucha con el pecado y, desgraciadamente, algunos renunciaron la lucha contra la transgresión moral. Aunque esto no es una excusa, es una realidad.

Todos tenemos la responsabilidad moral de eliminar el pecado de nuestras vidas, si clérigos, religiosos o laicos. Todavía tengo la esperanza en mi creencia que nuestros líderes religiosos han tenido y seguirán teniendo, éxito sustancial en este proceso de conversión a Cristo y a sus enseñanzas. Después de todo, nuestro sacerdocio se basa en la idea de que representamos a Jesucristo, que como sabemos, fue sin pecado.

El mensaje de Jesús a todos los pecadores, los sacerdotes y laicos por igual, es constante a lo largo de los evangelios, por el que libremente se extiende su perdón y amonesta al penitente al pecado no más. Para resistir el pecado necesitamos la ayuda de Dios, así como la oración, estímulo y responsabilidad caridad de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Los padres modelo su fe y promover las acciones de sus hijos; hermanos y hermanas, en sus mejores momentos, guía e inspirar a los demás.

Una cosa que prepara todos para el fracaso es poniendo alguien en un pedestal para que nosotros les podemos desprender. Como el salmista dice, "no poner nuestra confianza en príncipes, en quien no hay salvación". Y "El orgullo viene antes de una caída". La persona que se sienta en el pedestal puede ser tentada a pensar con orgullo que es invencible, o peor, por encima de la ley. En el otro lado, aquellos que ponen gente en pedestales tienen el grave riesgo de decepción, enjuiciamiento y sí, su propia tentación de santurronería.

Así que mi sugerencia, insinuado anteriormente en esta nota, es vivir humildemente y vestirnos en las túnicas de caridad y un sano entendimiento de quienes somos ante Dios. Y mientras estamos delante de Dios, nos dejemos caer de rodillas y sostienen mutuamente en oración.

Además, nos deja voluntariamente ayudar unos a otros ver a nuestra ceguera del pecado en nuestras vidas. Por favor, comprenda que la corrección fraterna en la caridad NO ES JUZGAR; es preocupa por el alma de otra persona. Cuando un hermano o hermana en el Señor nos habla sobre nuestra ceguera, debemos darles las gracias por cuidar nuestras almas y les invitamos a orar con nosotros.

Así es cómo construir una sociedad que dice junto con Cristo, "Te perdono," y, "Vaya y no peques más".

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